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VIEJO EL CERRO, Y REVERDECE….

julio 23, 2011 by Vany Alvarez

Cerro Viejo es una de las más altas montañas de Jalisco, la segunda para ser exactos. Por esta razón, es casi obligatorio subirla si te jactas de ser excursionista jalisciense. Por su altitud y cercanía a la ciudad, es perfecta para entrenar, pues el esfuerzo que requiere encumbrarla, proporciona un buen acondicionamiento físico para las grandes montañas de México. Aun con este antecedente, curiosamente yo tengo casi 20 años en el Grupo Colli y nunca lo había subido, pues siempre que planeaba ir, algo se atravesaba y tenía que cancelar. La verdad eso no me incomodaba pues creía que a la mejor “Don Chuy el de arriba” me estaba alejando de algo, ya que fueron muchos intentos frustrados por ir.

Con estos antecedentes, no fue sorpresa para mi que durante la última semana  de mayo, un mes antes de nuestra excursión, un gran incendio arrasara con mas de 1,400 hectáreas de pastizales, encinos y robles en Cerro Viejo. Las llamas se veían incluso desde el periférico y nublablan el cielo en Tlajomulco. 

Las humaredas en Cerro Viejo se percibían desde el tramo Sur del Anillo Periférico. Finales de mayo de 2011.

Esto hizo que pensáramos en cancelar la salida, lo que significaba que nuevamente yo no subiría esta montaña. Luego de unas semanas, al parecer ya se podía pasar, con lo que albergué nuevamente la esperanza de por fin subir este cerro.

No hay fecha que no se llegue. La salida estaba en el programa para el día 26 de junio, y el ascenso sería el clásico y más bonito: por la cañada. Acamparíamos muy cerca de la cumbre, la cual intentaríamos al día siguiente. Dos queridísimos compañeros, Maruca y Arturo Ladrón de Guevara, quienes han subido muchas veces este cerro, se iban por su cuenta el domingo y nos alcanzarían en la cumbre.

Miguel hacía muchos años no subía este cerro y aunque estaba programado salir a las 4 de la tarde, el aceptó sugerencias de irnos por la mañana, para contar con mas tiempo y con esto incluir a los compañeros con menor condición. Decidido esto, enviamos la corrección de irnos más temprano y dejamos también abierta la posibilidad de un grupo que se fuera a las 5 con Jorge Valente, quien sale más tarde de su chamba. Para nuestra sorpresa, el 80% optó por irse en la tarde aprovechando el viaje y que tenían trabajo por la mañana. Esto motivó a que Miguel cambiara nuevamente el plan y subir el domingo con mochila de ataque sin acampar, para no cargarle la responsabilidad del grupo a Jorge.

El domingo temprano, ya estábamos todos reunidos e impacientes por partir, pero la emoción de esta nueva aventura se ensombreció al recibir una llamada al celular de Toña. Era Maruca, quien se había ido más temprano rumbo a Cerro Viejo. Nos comentó que la lluvia nocturna había desgajado el cerro, que las calles de San Miguel Cuyutlán estaban llenas de lodo, piedras y ramas y esto de plano imposibilitaba pasar por ahí. Al saber esto, una voz interna en tono burlón me decía: “jaja, en el pasado cancelaciones de última hora, luego el incendio, ahora el derrumbe: acéptalo, la salada eres tú…”, pero antes de que se me ocurriera colgar los guantes y dejar de pelear, el compañerismo de guías como Toña, Rosendo y Jorge hizo de las suyas: “no te preocupes Miguel, le dijeron, total subimos por Potrerillos…”, ruta que él desconocía, pero ante el optimismo y apoyo de ellos, no tuvo más que aceptar la sugerencia y con ello su ayuda para entrarle por ahí al Viejo.

Bueno pues, suspiré pensando en si realmente esta era “la buena” y por fin me le treparía a ese “viejo apretado” que por veinte años no había permitido que yo lo gozara. Por supuesto no desaproveché la oportunidad de usar mi humor acidito al comentar a mis compañeros acerca de mi mala suerte con Cerro Viejo: “miren, yo creo que en esa montaña voy a quedar porque ya se me hacen muchas trabas para no subir, entonces no sé si quieran todavía que yo vaya con ustedes y les sale la subida…”, jajaja…

Andando pues, nos arrancamos en tres camionetas hasta Potrerillos y luego de las recomendaciones de mi amado guía, el calentamiento con Toña  y ya ensillados con las mochilas al hombro, empezamos la marcha. El camino fue árido al principio y por la claridad con la que el sol deslumbraba, no había promesas de lluvia. Ahora traíamos varios guías, que en algunos puntos paraban para corroborar la vereda y continuar.

Ultimas indicaciones antes de arrancar. Foto: Ivanitza Alvarez.

La montaña es como la vida, cuando eres muy pequeño las cosas son simples, así también la vegetación empieza de a poco y tu vas agarrando tu propio ritmo…

Iniciando la marcha, con poca vegetación sobre la brecha. Foto: Jorge Solórzano.

luego eres niño y todo te llama la atención, por el camino de la montaña los colores empiezan a ser más vivos y variados y éstos a su vez son “sonorizados” por cantos de aves y de insectos que te van maravillando…

Y empieza el bosque y sus linduras. Foto: Jorge Solórzano.

luego eres adolescente y te quieres comer el mundo, en la montaña al ver la inmensidad te sientes parte de ella y quieres correr y alcanzar el punto más alto…

Conforme vas subiendo, se abren imágenes de poblados a las faldas del cerro. Foto: Ivanitza Alvarez.

 luego eres adulto y te das cuenta que debes trabajar para conseguir lo que deseas, en la montaña empieza el cansancio y al ver la cumbre lejana sabes que si no te esfuerzas nadie te llevará a cuestas…

Paisaje antes de la cumbre. Foto: Jorge Solórzano.

 después llegas a tu máxima madurez y con ello viene el disfrute total de la vida, es cuando alcanzas la cumbre: nuevos horizontes se abren ante tus ojos y saboreas un gran éxito lleno de satisfacción personal.

Vegetación a la bajada de la cumbre. Foto: Jorge Solórzano.

Empiezas a envejecer y te das cuenta que debes bajarle a tu ritmo, aunque ahora tienes la experiencia de los años vividos, estás cansado y no puedes correr aunque quisieras, ahora es momento de caminar mas lento, pero con mas conciencia. Esto tal vez ya no te permita competir, pero si te transforma en algo mucho mejor. Es cuando empiezas el descenso desde la cumbre, las cosas que de subida no veías porque la emoción te ganaba, ahora las observas con mayor detenimiento y esto te llena de otra manera.

Curiosidades que te encuentras si pones atención. Foto: Ivanitza Alvarez.

Es ahora cuando das consejos de cómo respirar, caminar y cargar mejor la mochila. De lo que debes y no debes hacer en la montaña. La gente te mira con respeto, porque “ya vienes de bajada”, ya tienes experiencia y no solo puedes, sino que debes compartirla, de otro modo, no tiene caso subir, ni tiene sentido vivir…

El recuento de los daños: árboles afectados por el incendio. Foto: Ivanitza Alvarez.

 

Caminar en las montañas tiene esa virtud, pues sentir como el aire con aroma a pino te llena las entrañas, asombrarte con las hermosas vistas verdes, andar con el sonido de los animales, sentir la textura de las plantas, te hace entrar en el terreno hermoso de la introspección.

Con mirada curiosa, esta vaca se preguntaba que hacíamos ahí. Foto: Jorge Solórzano.

Pensé que arriba el panorama después del incendio sería desolador, pero nuevamente la naturaleza me daba una gran lección, en algunos tramos había vestigios del fuego, pero sobre la capa de cenizas yacía una nueva alfombra de hojas caídas de la copa de los árboles, como quien quiere hacer “borrón y cuenta nueva”.

Vegetación sobreponiéndose al incendio. Foto: Ivanitza Alvarez.

Nuestro grupo no pudo ser mejor, la combinación de jóvenes y adultos maduritos daban el punto exacto para disfrutar aun mas el ascenso.

Los jóvenes de la excursión. Foto: Ivanitza Alvarez.

Anja de Suiza y Fabien de Francia hicieron la “internacionalidad” de nuestra excursión y se fueron muy contentos de conocer esta montaña.

Desde Suiza y Francia, nuestros compañeros extranjeros. Foto: Ivanitza Alvarez.

Pasamos la cumbre de lado para ver una placa donde hace unos años se estrellara un avión en el que perdieran la vida unos militares. Desde aquí las vistas son hermosas por la altura que se tiene.

Por fin, todos logramos la cumbre, esa que yo había esperado por dos décadas. Todos nos felicitamos por estar ahí, la foto del recuerdo nos arrancó sonoras carcajadas por las corretizas de los compañeros que ponían el timer a sus cámaras y luego se avalanzaban para salir en la anhelada foto del recuerdo: MIGUEL, JORGE, RUBÍ, GEMA, ANA, TOÑA, JORGE VALENTE, ALESSANDRO, ARTURO, FRANCIS, ROSENDO, DORIAN, ANJA, FABIEN, JOSS, JUAN TISCAREÑO, JUAN JAVIER, KEVIN, MARTHA: gracias a todos por llevar nuestro banderín hasta la cima.

Cumbre: 2960 msnm. Foto: Ivanitza Alvarez.

Luego de comer platillos que a esas alturas saben a gloria, iniciamos un “ecológico descenso” recogiendo la gran cantidad de basura presuntamente dejada ahí por los brigadistas que semanas antes habían estado combatiendo el incendio. Creo que era un merecido regalo que le debíamos a Cerro Viejo, el cual nos deleitó con un gran matorral de zarzamoras que atacamos sin piedad.

"Los árboles mueren de pie...". Foto: Jorge Solórzano.

La responsabilidad del camino la lleva Miguel adelante, pero como retaguardia a veces me llevo mis propios sustos. Esta vez, el desgarrador grito de: “¡Vanyyyy, Vaaaannnyyyy!!!” me hizo pensar en que Jorge Solórzano se había caído por una ladera, pero al menos estaba vivo, digo, ni la voz de Pavarotti retumbaba tanto. Le avisé por radio a Miguel para que se detuvieran, le contesté a Jorge, y de inmediato me di cuenta de que se había ido por otro lomo y es que su gran afición por fotografiar hasta las gotas de las hojas, lo llevó a quedarse atrás. Más adelante, el estruendo de una gran rama quemada, que cayó a unos metros de donde íbamos a pasar nos arrancó otro gran suspiro de alivio.

Y los dos "íbamos de subida". Foto: Jorge Solózano.

Por fin nos encontró y juró no volverse a separar: “ay Vany ya vi que gacho se siente estar perdido y no ver a nadie…” dijo, así que en delante no se volvió a separar ni un ápice, jajaja.

Terminamos por fin de nuevo en las camionetas, hicimos los estiramientos respectivos y emprendimos el regreso a Guadalajara.

Pintoresca iglesia, camino de regreso. Foto: Jorge Solórzano.

Ignorábamos todo lo que había pasado una noche antes de nuestro ascenso. El lunes, noticieros locales y nacionales hablaban de lo ocurrido, la tromba que causó el deslave de Cerro Viejo y el desbordamiento del Arroyo Grande fue una catástrofe para San Miguel Cuyutlán, el sábado a las 9 de la noche, por una tormenta que solo duró media hora pero fue la experiencia más terrible que le ha tocado pasar a esta población en su historia reciente.  Las anécdotas cuentan que se escuchó un fuerte estruendo poco antes de que el laúd de piedras, lodo y árboles descendieran de la montaña, cubriendo parcialmente todo a su paso.

El “hubiera” no existe, pero si la salida la hubiéramos hecho como estaba programada, quizás sería otra persona quien relatara esta historia. No hay coincidencias, no era nuestro momento. Las cosas siempre ocurren para algo, y en mi caso me llevan nuevamente a reflexionar todo lo que tuvo que ver el incendio previo con esta tromba.

Decía mi abuela que la vida no retoña, ahora sé que es la vida nuestra la que termina, pues las montañas estuvieron antes que nosotros y seguirán en pie cuando todos nos hayamos ido. Cerro Viejo se está recuperando de sus quemaduras, ahí la lleva, somos nosotros los que si no reflexionamos, nos perderemos de seguir disfrutando de la belleza de su interior. ¿Viejo el cerro?…si, pero reverdece…

 

 


6 comentarios »

  1. Emmanuel dice:

    FELICIDADES!!! a Todos, y cómo pues que la primera subida??? y el bautizo????

    • Vany Alvarez dice:

      Pues es lo que yo digo, no se porque mis compañeros no me hicieron un festejo arriba o algo asi, aunque ya con no traer mas sal al cerro era suficiente celebración, jaja

  2. Lupita dice:

    Me encantó tu reseña, la comparación del trayecto de la vida y el trayecto de subir. Un abrazo!

  3. Nora Granja dice:

    Wowwww!!! Ahora si comprendo por què dices con tanta seguridad que cuando una montaña no te toca, harà todo lo posible por detenerte….

    Excelente relato!!! me encantò!!

    • Vany Alvarez dice:

      Así es Nora, así que no te preocupes si en esta ocasión no puedes ir al Nevado, ya te tocará y sé que lo disfrutarás plenamente.

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